sábado, 12 de enero de 2008

Historias para contar

De tantos que contar algunos ya se saben aunque talvez no de forma original asi que empezare con uno de mis favoritos:


NO SE DUERMA EN EL METRO

El texto que van a leer es referente a una leyenda urbana de la capital mexicana; yo creí que muy pocas personas la conocíamos pero pronto en charlas me di cuenta de que esto no era así; afortunadamente soy dueño de una revista donde se publico el relato de alguien que dice haber vivido personalmente un hecho referido a la leyenda
El mito se basa en una línea del metro capitalino en particular y en su extraña estructura, toda línea del metro inicia y termina en una estación terminal que se distingue principalmente por estar al aire libre, pero la línea del metro en cuestión inicia en terminal y concluye en un largo túnel sin salida, dicen que esto se debe a que originalmente el proyecto de esa línea incluía mas estaciones, pero que tuvo que ser concluida a medio túnel entre una estación y otra; el caso es que después de la estación BARRANCA DEL MUERTO parada final del trayecto, hay un túnel que no llega a ningún lugar, un túnel inconcluso que, dicen, no quedo del todo inútil ni solitario, la leyenda dice así:

"¿Tú has sabido qué le ocurre a las personas que se quedandormidas en los vagones que siguen avanzando después de laúltima estación?".
"La verdad, no"- repuso el compañero.
"Yo sí lo sé", continuó Arturo. "esto que te voy a contarno es un cuento, te pido que me lo creas, por tu bien.Nunca lo repetiré ante ustedes".
"Fue hace justo un año. Serían cerca de las once de la nochey salía yo del trabajo después de un día durísimo. Tomé elMetro en la estación Hidalgo, y me dirigí hacia Tacuba.
Ahí transbordé hacia Barranca del Muerto. Ya a esa hora,el Metro va casi vacío. Cerca de Tacubaya me quedé dormido.El tren llegó sin duda a la terminal, sin que yo despertara.No oi la distorsionada voz de advertencia que sale del sistemadel sonido, ni el insistente pitido del silbato electrónicoque anuncia las paradas.
Después unos segundos después, cuando ya el vagón se dirigíahacia el inquietante tunel que con- tinúa el trayecto, alcancéa ver el letrero y la insignia de mi estación de destino lacual quedaba atrás. Con preocupación y fastidio, pude ver queno iba solo. Unos asientos más adelante iba un tipo viejoy desastrado, en evidente estado de ebriedad que seguíadormido, y cabeceaba con cierto ritmo. Pensé que quizáeste tren cambiarla de vía y regresaría por el mismotrayecto en unos momentos más. Pero no fue asi. "El vagónsiguió adelante, se desvió hacia la derecha y después deavanzar varias decenas de metros, hizo alto en un lugartotalmente oscuro.
El motor se detuvo y lo mismo la ventilación. El silenciomás absoluto cayó sobre nosotros. Fue entonces cuando lasluces se apagaron. Ahí, empecé a sentir algo de miedo.Habla un poco de claridad, proveniente de la parte posteriordel túnel. Por fortuna, traía mi ¡interna de bolsillo yademás ésta tenía pilas. Me paré y me dirigí a mi aúndormido compañero de tribulación. Me acerqué a él y losacudí por el hombro. Me preguntó qué pasaba y rápidamentele expliqué nuestra situación. Respondió con una imprecaucióny puso su rostro contra la ventana a tratar de ver dóndenos hallábamos.
Me di cuenta que este vagón se quedaría ahí toda la noche,por lo que me dispuse a tratar de forzar una de las puertas.Era inútil, me convencí que sólo saltando a través de unade las ventanas podría salir del carro. Fue entonces cuandooí un ruido en el techo. Algo cayó encima del vagón yrecorría el techo. De pronto, se escuchó un ruido en elotro extremo del carro. Di- rigí el haz de mi linternitay pude ver una sombra que caía al suelo después de haberentrado por la ventana. "¡Vaya, al fin!.. ¡oiga, necesitamosque nos ayude a salir! ". No hubo respuesta. El borrachofue más directo avanzó hacia el intruso y lo tornó de laropa. " ¡Sáquenos de aquí!.. ¡Esto es un atropello, malditos burócratas!"... El extraño no respondió, sólo levantó una mano.
"A la luz de mi linterna pude ver que era blanca corno laharina, delgada y fibrosa, y con unas larguísimas uñas quesemejaban garras. Como un rayo esa mano rasgó la gargantadel pobre vagabundo. Fue entonces cuando vi el rostro delser que tenía enfrente. Pálido, calvo, con enormes ojosamarillos, orejas largas, una nariz grotescamente respingadacon dos protuberancias camosas en la punta. Vi cómo abrióla boca llena de dispares y puntiagudos dientes, que prontorecibió el borbotón de sangre que salía del pobre pasajero.Fue en ese momento cuando recibieron mis narices la patadadel nauseabundo olor que despedía esa criatura.
El espectáculo y el olor me hicieron de inmediato vomitar.En medio de las arcas de la basca, escuché otro ruido metálicodetrás de mí ¡Alguien más entraba al vagón por otra ventana!No esperé un segundo más. Me lance hacia el primer intruso queaún se cebaba en su víctima, y derribándolos a ambos sin duda,intente lo inesperado de mi reacción, llegué a la ventana pordonde había penetrado el primer monstruo.
Escuché un forcejeó detrás de mí, con el que sin duda miinvisible perseguidor se abría paso también entre la parejavictima-victimario que se interponla entre nosotros. Saltéfuera del vagón y logré caer en el suelo sin dislocarmesiquiera un tobillo. Emprendi la huida, como un poseso,hacia el extremo iluminado del túnel. Detrás de mí sedejaba oír un jadeo que acompañaba ritmicamente a unpenetrante chillido.
"La luz aumentaba poco a poco. Sentía que mi perseguidorrápidamente iba descontando ventaja. Decidí voltearla cabeza... y quizá eso sea lo que más me ha desgraciadola vida de toda esa experiencia. Vi un ser similar alque habia despedazado al pobre ebrio en el vagón, nadamás que éste mostraba una regocijada sonrisa idiota.En la penumbra del túnel, veía su tez, amarillo limón,y su larga frente con que se relamia con anticipación.Por fortuna, de frente llegaba otro tren de vagones del metro.Salté a su paso y alcance la parte central del túnel.Mi perseguidor no quiso hacer lo propio. Recorri los últimosmetros que me separaban ya de la iluminada estación.Al llegar a ella, subí al andén. Justo a tiempo. Unos metrosatrás la criatura, que se habla desplazado por el techo deltúnel, asida de sus largas garras, tanto de manos como depies, cayo detrás de mí, y alcanzó a lanzarme un zarpazo a la pantorrillña".
Arturo nos mostró la cicatriz, que aun dejaba ver las huellasde una prolongada infección que apenas habla sido dominada.
"Y en el andén, emprendi la carrera hacía la calle. No medetuve hasta llegar a mi departamento, donde atranqué lapuerta y me refugié en un garrafón de mezcal.
"Me expliqué por qué, en los talleres del Metro se trapea yse friega con tanto esmero el piso de los vagones todas lasmañanas. ¡No se duerman en el Metro, Si lo hacen, corren elpeligro de, por lo menos, no volver a poder dormir nunca máscon tranquilidad."

Aquí se dice que el último tramo de la líneaROSARIO-BARRANCA DEL MUERTO está poblado poralgo muy extraño... sea esto cierto o solo unaleyenda urbana, es un hecho curioso; y sea estetexto un hecho real o un simple cuento que se basaen un mito, es una narración original y entretenida.

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